Cuántas veces he oído a un colega informático decir de algún jefe o de un cliente: “vive en una realidad paralela”, “debería bajar a la tierra”
Habrá algún jefe que haya llegado ahí por casualidad… Pero en general, deberíamos pensar que nadie llega a jefe por haberse caído de un guindo, o porque le faltó oxígeno al nacer enredado con el cordón umbilical.
A mí también me ha ocurrido que un jefe o un cliente me ha pedido algo que en una primera impresión me pareció absurdo. Pero como soy bastante tozudo, necesito estar convencido de que lo que hago tiene sentido. Así que cuando me veo en esta situación, simplemente pregunto: “creo que me falta información, creo que hay algo que no me estás contando porque no entiendo lo que me pides… “ y generalmente, por lo que me cuenta o por lo que me calla, acabo entendiendo sus motivaciones ocultas y comprendo que el que estaba en las nubes, el que vivía una realidad paralela era yo.
Identificar las motivaciones ocultas o no ocultas de los interesados en un proyecto (clientes o patrocinadores), puede marcar la diferencia entre el éxito y el fracaso del proyecto. Una vez dado este paso, lo siguiente es conjugar esos intereses, en ocasiones divergentes. Pero ese ya será otro artículo.