Trabajo para una empresa que no está pasando por sus mejores momentos. Prácticamente, estos no están siendo buenos tiempos para nadie. La política de recortes de gasto actual impide sustituir a quienes deciden dejarnos. Con lo cuál, nuestro equipo ha pasado de 9 a 5 personas en 3 años.
Desde que montamos el equipo, y pese a la urgencia de obtener resultados cuanto antes, nos hemos empeñado en invertir parte de nuestro esfuerzo en dos actividades:
- Medir la eficiencia de nuestro trabajo.
- Mejorar nuestros procesos.
Hubo quien veía esta inversión como una pérdida de esfuerzo, como algo que nos impedía obtener mejores resultados ya, algo que nos hacía menos eficientes. Sin embargo, hemos podido demostrar que estaban equivocados.
Medir, mejorar, continuar midiendo, y continuar mejorando… nos ha permitido, ante un recorte de personal y costes del 44%, aumentar nuestros resultados un 900%.
En la mayoría de las empresas, la reducción de gasto provocaría una reducción proporcional de sus resultados. Y habitualmente, estas empresas poco maduras, la única forma que encuentran de aumentar sus resultados es presionar más a las personas que tienen que obtenerlos, bien con disminución de sueldos, bien con el aumento de horas. Presionar a los empleados, precisamente porque son personas y no máquinas, no garantiza un aumento de los resultados. Mejorar los procesos productivos, eliminando actividades que aportan poco valor y agilizando las actividades que más valor aportan, sí garantizan una mejora.
En la era de la globalización, y más en una coyuntura de crisis como la actual, estar preparados para competir es clave para la supervivencia. Y esto no se improvisa.
De todas formas, medir es una herramienta que tiene su misión, su posología, sus advertencias, contraindicaciones y efectos secundarios… pero ese ya será otro post.
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